22.3.16

Ricardo Larraín, director de cine chileno, fallece a los 58 años

El realizador sufría de cáncer desde hace casi una década y se encontraba trabajando en una trilogía acerca de Bernardo O'Higgins. Su película "La frontera" obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín 1992.


Alrededor de las 20 horas del lunes 21 de marzo, en su casa en Santiago (Chile), murió el director Ricardo Larraín. El cineasta de 58 años se encontraba aquejado desde el año 2006 de linfoma no Hodgkin.

Pero es posible afirmar con seguridad que su obra mantendrá vivo su nombre, gracias a una filmografía que destacó desde su primer largometraje: La Frontera. La película obtuvo un histórico Oso de Plata a la dirección en el Festival de Cine de Berlín en 1992. Un hecho histórico que sólo el año pasado pudo ser igualado por las cintas El Club (Pablo Larraín) y El botón de nácar (Patricio Guzmán).

La Frontera trajo de regreso a su país al actor Patricio Contreras, quien residía desde los años 70 en Argentina. Un reencuentro notable gracias a su gran labor encarnando el rol del profesor Ramiro Orellana, relegado al sur del país por la dictadura militar. Contreras, desde Buenos Aires, señaló: “las malas noticias parecen adquirir una perversa velocidad … la muerte de mi amigo me duele mucho y es una injusticia que nos haya sido arrebatada tan pronto, de esta vida, una persona tan bella”.

Su obra
Larraín egresó en 1978 de la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile. Sus primeros trabajos fueron un par de cortometrajes en los años 80, década en donde se dedica sobre todo a la publicidad. A fines de la mencionada década se suma al grupo de realizadores que participan de la confección de la franja televisiva del No.

Tras el fin de la dictadura militar comienza a rodar La Frontera, filme con el que obtendrá reconocimiento nacional e internacional. Servirá, además, para que la crítica hable del “renacimiento” del cine chileno, gracias a una película de una factura técnica y dramática hasta entonces poco vista en nuestra cinematografía.

A pesar del éxito obtenido, recién seis años después vuelve con el documental Raúl Silva Henríquez, el cardenal. Pero fue con El Entusiasmo donde sus dotes narrativas volverán a ponerse en juego en la ficción, una valiosa película que miraba con sospecha el optimismo concertacionista. Estrenada en 1998, con las actuaciones de las actrices españolas Maribel Verdú y Carmen Maura, junto con ser exhibida en el Festival de Cannes de 1999, no pudo repetir el éxito de crítica y público de La Frontera.

Los halagos regresaron con Pasos de baile (2000), un notable documental que rodó durante 12 años y en los cuales siguió a los ganadores de un programa de baile.

Su filmografía se completará con la irregular comedia Chile puede (2008), para finalizar con El niño rojo (2014), cinta que sigue los pasos de la niñez y juventud de Bernardo O’Higgins. Un personaje que le atrajo desde la realización en 2007 de la serie Héroes de Canal 13, en donde Larraín dirigió precisamente el capítulo dedicado al Padre de la Patria, titulado O’Higgins, vivir para merecer su nombre.

Es más, su idea era realizar una trilogía en torno a O’higgins y actualmente estaba trabajando en una película que se centraría en sus amoríos titulada El guerrero enamorado, para la cual había obtenido un fondo y ya estaba en fase de producción. La trilogía terminaría con una cinta que retrataría los años de Ohiggins en el exilio.

Fuente: Cine Chile.



17.3.16

FICIC, claves de su crecimiento

A propósito de una nueva edición del FICIC, recordamos la nota realizada para la Revista Desterradxs con Carla Briasco, en ocasión del Festival 2015.

Carla Briasco es una joven y emprendedora coscoína que, al terminar el secundario, pasó por Córdoba para estudiar la carrera de Intérprete de Danza Contemporánea en la UNC y Teatro en el Seminario Jolie Libois. Decidió continuar sus estudios en Buenos Aires, siguiendo la carrera en el IUNA y teatro junto a su maestro Julio Chávez. Allí conoció al actor y productor Eduardo Leyrado con quien se casó y tuvieron a Facundo (9). Juntos llevan adelante Cacique Argentina Productora Creativa que ideó el proyecto FICIC, que llevan adelante desde 2011 en Cosquín. Y precisamente del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín dialogamos con Carla, próximos a la quinta edición que se llevará a cabo del 6 al 10 de mayo, y de la que es promotora incansable y vocera permanente.

¿Cómo nace la idea de hacer un Festival de Cine Independiente en Cosquín?

Hace mucho tiempo que con Eduardo Leyrado  pensamos que algo teníamos que hacer en Cosquín. Desde Buenos Aires creo que buscamos una linda excusa para ir con frecuencia a mi ciudad natal, más allá de visitar a la familia y los amigos, sumado a esto que desde la productora que tenemos juntos siempre estuvimos vinculados al cine, los contenidos, la publicidad.
Así fue que en el 2010 presentamos un proyecto al municipio. La idea inicial era proyectar películas independientes, y cuando empezamos a pensarlo fuimos notando que podía ser un festival. Cosquín y su espíritu festivalero  bien podían tener un festival de cine, que podía ser Internacional ya que hay un reconocimiento de la ciudad a nivel nacional e internacional a través del folklore y así fue creciendo la idea hasta que en el 2011 llevamos adelante la primera edición.

¿Cuál ha sido la recepción del pueblo y las autoridades coscoínas?

Cosquín tiene una historia ligada a la cultura, creo que es una comunidad ávida de espacios relacionados al arte en todas sus expresiones. Recibió muy bien al festival, en cada edición notamos más compromiso y participación de los vecinos de la ciudad que en mayo, durante la siesta, van a ver películas al cine. Porque durante el festival las proyecciones comienzan a las 10 de la mañana y terminamos a altas horas de la noche, muchas veces por tener que re programar películas por localidades agotadas.
Las autoridades de la ciudad desde el inicio del festival brindaron su apoyo y hoy, ya con una quinta edición en camino, no hay dudas que es un evento importante en la ciudad a nivel cultural, turístico y socio económico ya que en temporada baja la ciudad recibe estudiantes, cinéfilos, de los alrededores, de Córdoba capital y también de todo el país.

Comentanos el trabajo de convocatoria y selección para la primera edición.

Desde el primer año a la actualidad hacemos una convocatoria abierta, y también vemos películas en festivales, o que nos acercan productores. El primer año recibimos 250 películas de todo el mundo, este año superamos las 900, esto habla del interés por participar de FICIC, y de que en cada edición logramos dar a conocer más el festival, no solo a través de los medios que replican nuestro llamado, sino que por ejemplo estudiantes que vienen al festival se motiven a realizar su película (corto o largometraje) y luego quieran presentarla, no solo para que la película se proyecte sino también para participar del encuentro, estar en contacto con el público y venir a Cosquín a disfrutar de las sierras, el río, buen aire y buen cine.

Basados en esa experiencia inaugural, ¿cómo desarrollaron las ediciones posteriores?

Particularmente para nuestra productora es un gran proyecto que llevamos adelante, que nos apasiona, es un esfuerzo muy grande porque los recursos no llueven, hay que salir a buscarlos, es un trabajo de todo el año.  Terminó la primera edición y ya estábamos pensando y planificando la segunda, y así sucesivamente. Creemos que cada año que realizamos el festival nos permite seguir posicionándolo  y que Cosquín sea protagonista de la cultura más allá de enero.
También estamos convencidos que nuestro equipo de colaboradores es un sostén fundamental del festival, empezamos con 10 y hoy ya somos 25. Fue creciendo naturalmente y se sumaron quienes en las primeras ediciones presentaron su película, vinieron al festival y en la fiesta de cierre nos dijeron: ¡queremos ser parte del equipo!
El festival está creciendo en contenido sobre todo y en su proyección a nivel nacional, logramos que también nos reconozcan por el espíritu que tiene el evento, la buena onda que se trasmite, hay algo que todo el equipo tiene claro, las películas son las protagonistas y sus Directores / Productores / quien represente la película, tienen que sentir que su obra está en un espacio donde se valora, se cuida la proyección y se genera un debate con el público que enriquece la experiencia, así lo pensamos y trabajamos para lograrlo en cada edición.

¿Qué aporta la incorporación del destacado crítico Roger Koza como Director de Programación?

En nuestra primera edición convocamos a Roger a ser parte del jurado, aceptó gustoso, se bajó del avión (llegaba de Cannes) y vino a FICIC. Desde ese momento siempre estuvimos en contacto, se interesó mucho en cómo trabajamos con la programación, muchas veces le consultamos y nos aconsejó. A medida que pasaron las primeras ediciones, notamos que en los comentarios y las repercusiones de prensa destacan la programación de un festival que estaba comenzando, y sabíamos que era fundamental mantener el nivel pero también nos interesaba superarnos. Con Eduardo lo charlamos e invitamos a Roger a sumarse al equipo con el objetivo de consolidar la programación.  Roger aceptó nuestra propuesta y desde el 2014 trabajamos juntos, su aporte es muy importante, logramos una programación donde el cine, y el pensar el cine (como muchas veces charlamos con él) está latente.

Un Festival en el interior del interior, ¿qué similitudes y diferencias tiene (en cuanto a asistencia, cantidad de filmes en competencia, respuesta de la prensa, entre otros elementos) con los Festivales de Buenos Aires o Mar del Plata, por ejemplo?

Es difícil compararse, pero con total franqueza creo que la gran diferencia está en los recursos. Tanto Mar del Plata como BAFICI son festivales que se organizan desde el estado.
En el caso de FICIC es realmente independiente porque surge de una propuesta de gestores culturales  privados  y cuenta con el valioso apoyo del estado municipal, provincial y nacional (INCAA). FICIC es un ejemplo de trabajo público y privado en pos de un evento cultural.
Ahora bien, si nos comparamos en programación, la cantidad de películas es un factor, son festivales que tienen entre 300 y 400 películas programadas, se realizan entre 7 y 10 días, cuando FICIC programa entre 60 y 70 películas en 4 días, diferencias de números hay. En lo que es cualitativo, con los recursos que tenemos logramos una programación que ha tenido estrenos mundiales de películas, sin ir más lejos en el 2014: El Asombro, de Santiago Loza (Argentina, 2014), fue estreno mundial;  Bello, bello, bello, de Pilar Alvarez (Cuba, 2014) estreno nacional y El Palacio, dirigida por Nicolás Pereda, de México, un estreno latinoamericano. Este es un dato no menor.
Por otra parte, gracias al importante aporte de la Municipalidad de Cosquín, logramos invitar a los realizadores para que acompañen sus películas.
En Argentina hay más de 90 festivales nacionales de diversas temáticas y son la mayoría los que se llevan adelante por el trabajo de gestores culturales independientes, con el apoyo del estado, de empresas e instituciones que ven en los festivales un espacio de proyección alternativo a los canales comerciales.
Mas que compararnos, creo que los festivales tenemos que nutrirnos, sostener y fortalecer este importante espacio de exhibición.
FICIC en estas cuatro ediciones logró posicionarse como el Festival de Cine Independiente del interior del país, esto no es dicho por nosotros, lo dijo la prensa, los espectadores y realizadores. Para nosotros es un logro y un gran desafío por delante.

Ya cerrada la convocatoria para el FICIC 2015, ¿podés adelantar detalles o novedades que tengan definidas?

Estamos con el visionado de las películas, es un trabajo arduo y gustoso de todo el equipo, en estas semanas ya empezamos a definir, y en abril anunciamos los seleccionados. Puedo adelantarte que estamos trabajando para tener una importante película en el inicio del festival. Continuaremos con el ciclo de películas en 35mm, el año pasado fue impresionante la proyección a sala llena de las películas rusas con la presentación de Fernando Martín Peña. 
Este año unificamos la competencia de largometrajes de Ficción y Documental, por tal motivo vamos a darle espacio a los focos y retrospectivas, estamos terminando de definir esto que es adicional a la Competencia, pero podemos decir que estamos trabajando para lograr una programación importante de cine independiente.

¿Cómo ves al cine nacional y al cine cordobés en estos años?

Nuestro cine, nuestras historias tomaron un importante espacio en la realización y producción de contenidos audiovisuales, el cine nacional está dejando de ser solo el cine que se produce en una ciudad, las provincias están mostrando sus historias y aportan al crecimiento del cine nacional, Córdoba, en particular, creo que es el motor del interior de país, los realizadores cordobeses están produciendo,  ya sea con el apoyo de las políticas de fomento o de manera independiente están concretando sus películas, cortometrajes, largometrajes, series de tv, y creemos que es un importante movimiento que genera trabajo, motiva, incluye, y proyecta la ciudad, la provincia y nuestro país al mundo.
FICIC se inició en un camino en conjunto a las producciones cordobesas, sentimos que crecemos juntos, por eso le brindamos un espacio en el festival al Cine Cordobés como lo llaman. Hay muchos desafíos por delante en la industria audiovisual del país, desde nuestro espacio creemos que aportamos un gran ingrediente que se necesita y mucho para que los contenidos lleguen al público, que es la exhibición. Sabemos que los festivales somos una pantalla importantísima para el desarrollo de espectadores y para que ellos puedan acceder a películas que no llegan al circuito comercial y bien vale la pena verlas en la pantalla grande.

¿Cuál es la proyección del Festival en el tiempo?

Desde la organización queremos continuar con el gran desafío que es en cada edición que el festival crezca y se posicione como el más importante Festival de Cine del interior del país, estamos convencidos que Cosquín tiene mucho potencial, hay que trabajar localmente en la infraestructura y, desde nuestro lugar, en los recursos para lograrlo. El festival tiene una proyección importante,  tenemos que mantener la confianza que nos dieron los espectadores en las primeras ediciones y continuar brindándoles un festival de calidad y con la calidez que encuentran en las salas y puntos de encuentro, esta es la clave del crecimiento de FICIC.

13.3.16

Fernando Sarquís, cineasta

La curiosidad de vivir otras vidas





Cordobés nacido en el ’87, se inició en la música a los 15 años y, luego, se formó en la Universidad Nacional de Córdoba, recibiéndose de Licenciado en Cine y TV. Realizó el cortometraje -no estrenado- Amar, temer, partir, y su primer largometraje Miramar.  Ganó el primer premio en el concurso de películas no terminadas del Docta Cine, obtuvo un premio extra y una mención en la competencia de Work in Progress del festival de cine de Mar del Plata, participó en los Work in Progress de UNASUR y Mendoza Proyecta. Una vez concluido Miramar, se estrenó en la competencia argentina de BAFICI 2015.


Al momento de determinar referentes en su carrera, Fernando Sarquís comenta que “Hace varios años vi Wandafuru Raifu (After Life), de Hirokazu Kore-eda, que creo fue la película que más me impactó, me pareció muy fresca, sensible e intensa desde lo sutil. Directores como Richard Linklater y Wes Anderson me conmueven, Los Labios de Fund y Loza fue también otra película que me puso en jaque sobre la forma de mirar el cine y sus posibilidades. En BAFICI de este año vi un filme de Aleksei German Jr. titulado Under Electric Clouds, ésta es la última película que vi hasta ahora que me dejó repensando nuevamente las formas de narrar, una película increíble. Más allá del cine, creo ser atravesado emocional y narrativamente por la por la corta obra de Jeff Buckley, su único disco en vida (Grace) fue por mucho tiempo lo único que escuché.”

¿Cómo ha sido tu recorrido en el mundo del cine hasta llegar a tu primer largo?

Me di con el mundo del cine casi por casualidad, cuando no sabía qué estudiar en la adolescencia. Tomando mates con mi vieja en el patio de casa, una de las tantas casas por las que hemos pasado, ella me pregunta  qué me gustaba hacer, en esa época estaba muy dedicado a la música, por otro lado la fotografía y escribir eran otras cosas que me gustaban mucho. Ella me recomendó estudiar cine, que suponía sumaba las pasiones, yo ni sabía que esta carrera existía en la UNC.  En la universidad tuvimos la suerte de vivir un salto tecnológico/generacional, arrancamos filmando en VHS, la primer edición que hicimos fue en dos videocaseteras, la mejora en equipos vino progresivamente, el enfoque selectivo, el editar en tu propia computadora, pequeñas cosas que se dan por sentadas hoy por hoy pero que al vivir el cambio se valoran mucho. Cosas como éstas te hacen admirar aún más el trabajo de la gente de la generación de Santiago Loza y Liliana Paolinelli, ¡qué difícil debe haber sido hacer películas en esas épocas!.  Terminada la carrera había hecho solo cortometrajes en el marco de la institución, ya era una necesidad filmar un largo, tuve la suerte de rodearme de la gente con la que finalmente hicimos Miramar, el cine no se puede hacer solo.

¿Qué estímulos te acercaron a la historia que cuenta Miramar?

Vivo en Córdoba Capital, es una ciudad universitaria, por ende en su momento no me tocó viajar para estudiar, estuve siempre en contacto con gente de afuera de la ciudad, de hecho la gran mayoría de mis amistades no son de aquí. Siempre me llamó la atención el salto evolutivo de madurez obligada que tienen los estudiantes que migran a la ciudad para poder estudiar, siendo bastante jóvenes, cachorros de la vida enfrentándose a la adultez. Me parece algo muy valiente. Los lugares turísticos me han generado interrogantes desde pequeño, me intrigan, es como un parque de diversiones que cuando llega el invierno apaga todas las máquinas. Básicamente me acerqué a la historia de Miramar como creo me aproximo a todas las cosas, por curiosidad, por querer vivir por un ratito alguna vida que no me tocó vivir.  

Hablemos de la etapa de producción y la búsqueda de fondos para realizar la película.

En un inicio se pensó en aplicar a fondos para realizar el filme, por ahí la urgencia empujó, las ganas de hacer una película nos llevó a hacerla por nuestra cuenta, no queríamos esperar a que alguien nos dijera que estábamos aptos para hacerla. La producción de la película fue posible gracias a la buena voluntad de todas las personas que trabajaron en ella, ya que, como fue dicho, no contábamos con ningún tipo de financiación. Todo el equipo, tanto delante como detrás de cámara, trabajó intensamente para poder hacer lo que está en la pantalla y parlantes de la sala. La película se la debo enteramente a ellos. Más allá de las buenas voluntades el cine es un arte bastante caro, para poder afrontar el desafío hicimos una sociedad con las productoras Blackmaría, Vibra y Diagonal, lo que nutrió al proyecto de excelentes profesionales, cumpliendo los integrantes de estas productoras roles claves en la realización del filme y el aporte de un capital extremadamente significativo en equipos. La municipalidad de Miramar, Adrián Walker y su equipo, confiaron en el proyecto y se hicieron cargo de la gran mayoría de los viáticos y de la estadía.
Si bien creo que el auto gestionamiento tiene resultados muy positivos en las producciones artísticas, no es un camino que repetiría muchas veces más, creo que generar una industria y puestos de trabajo es casi que básico para pensar seriamente la producción de cine, pero a veces (y sobre todo en la primera película) la urgencia por hacer cine nos lleva a estos sistemas de producción independiente.

Maximiliano Gallo y Florencia Decall en los protagónicos. ¿Por qué los elegiste y cómo ha sido la experiencia de trabajar con estos actores?

Con Maxi ya habíamos trabajado juntos en el cortometraje Amar, Temer, Partir (que aún no estreno), fue en esa experiencia junto a él que me aproximé a entender lo que es trabajar con un actor, me enseñó a ver que cada uno de nosotros viene con su carga, con cosas que pueden ser muy poderosas si son encausadas, como un río. No intentar moldear desde el imaginario, sino desde la profundidad de cada persona. Él es, aparte de un excelente actor, un gran dramaturgo y director de teatro, su visión es muy amplia, sabe lo que está haciendo.
Con Flor fue la primera vez que trabajamos juntos, tomamos muchos mates, hablamos sobre nosotros, el personaje decantó de conocernos, ella es muy compleja, desde el buen sentido de la palabra, tiene muchísimos matices, muchos pensamientos, búsquedas constantes. Se entrega, confía, aporta desde una humildad bellísima. Tiene un presente actoral sorprendente, mucha experiencia y es muy joven, estoy seguro de que lo que hemos visto de ella es solamente la pequeña punta del iceberg de lo que tiene para dar.
Con los cuatro actores del filme trabajamos de una forma similar, intentando seguir el texto del guión pero evitando que fuese de hierro, buscando juntos la clave de cada escena, desde la esencia, intentando armarnos de un lenguaje común, qué entendían ellos de, por ejemplo, "melancolía", cómo se llegaba a ese estado, entender que veíamos lo mismo. Eva Bianco, Eduardo Rivetto, Maximiliano Gallo y Florencia Decall son actores de un alto nivel, poder trabajar con ellos en mi primer película fue una experiencia por demás enriquecedora.

Un balance del paso de tu opera prima por el BAFICI

BAFICI es un festival muy importante, comparte junto con el de Mar del Plata el podio del más grande de Argentina. Poder ser parte de estos festivales es de por sí un honor y un orgullo, sobre todo considerando que en la actualidad la ruta de los festivales de cine hacen que filmes de carácter independiente tengan visibilidad mundial, son festivales que sirven de vidriera hacia otros festivales, haciendo que el mensaje se siga propagando, cerrando así el ciclo de la comunicación. Más allá de ésto, soy consciente de las cadenas de subjetividades que posicionan a un filme en algún lugar, no reniego de esto, creo en el arduo trabajo que hacen los programadores de los festivales. Pero un filme es el mismo antes y después de pasar por uno o cien festivales, lo que vemos y escuchamos en la sala de cine es la película, con o sin laureles de por medio.

Mientras Miramar encara su propio camino, ¿qué proyecto tenés entre manos y en qué estadio de la producción se encuentra?

Actualmente estamos trabajando en un próximo largometraje que se llama La Soledad de los Elefantes, sobre una chica que acompaña a su pareja en un viaje en auto en búsqueda del acta de defunción del abuelo de la misma, para así poder sacar la ciudadanía española y emigrar a Europa, por lo que, conseguir este papel, significaría la separación de la pareja. Nos encontramos en la etapa de desarrollo, re-escribiendo el guión, buscando transitar los caminos que llevan a la obtención de fondos para realizar el proyecto.

Consultado sobre el cine local, Fernando Sarquís no duda en expresar que “la producción cinematográfica en Córdoba es un hecho, hay una búsqueda de industria, hay referentes propios, cada vez se hace más y mejor. No creo que esto sea necesariamente delimitado por ser o no de Córdoba;  si la UNC, la Metro y todos estos lugares de formación existieran en el Chaco, estaríamos hablando del cine chaqueño. Creo que la geografía por sí sola no delimita la prosperidad de la creación cinematográfica, la gente que lo hace sí.”  


8.3.16

SHUNKO, así en las letras como en el cine



Centenario de Jorge Washington Ábalos

Jorge Washington Ábalos en 1978

En septiembre de 2015 se cumplieron 100 años del nacimiento de una persona que dejó profundas huellas en la memoria colectiva de los argentinos. Docente ejemplar, científico e investigador incansable, escritor testimonial y auténtico. Trascendente en todos los ámbitos que recorrió, Jorge Washington Ábalos era un hombre simple, hogareño, buen amigo, serio pero con un humor sutil e inteligente.
A propósito del centenario de Ábalos, la Feria del Libro de Córdoba programó un evento especial para recordarlo. Fue el 17 de Septiembre a las 19 hs en el Cabildo de la ciudad y en la ocasión, entre otros actos, se escucharon fragmentos de sus obras en la voz de Chacho Marzetti y se presentó su sitio web oficial.


Un poco de historia

Jorge Washington Ábalos nació el 20 de septiembre de 1915 circunstancialmente en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires. Instalado en Santiago del Estero, en 1933 se recibió de maestro y comenzó a enseñar en las escuelas rurales del bosque chaqueño de la región, donde se vinculó con las comunidades quechuas. Ellos fueron quienes lo apodaron “el maestro bichero” por la preocupación de Ábalos de identificar y analizar enfermedades y animales  tóxicos de la provincia. En este contexto, el docente colaboró con las investigaciones del médico Salvador Mazza y, luego, con el Premio Nobel Dr. Bernardo Houssay.
En 1943 se convertiría en entomólogo del Instituto de Medicina Regional de la Universidad Nacional de Tucumán, institución que en 1950 lo nombró Doctor Honoris Causa. Años más tarde, recibiría la misma distinción por parte de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
Más allá de todas las contribuciones que hizo Ábalos en el campo de la zoología (entre las que se incluyen, por ejemplo, la creación del Instituto de Animales Venenosos  en Santiago del Estero que, en la actualidad, lleva su nombre, y el Serpentario en el Zoo de Córdoba), no se puede dejar de mencionar que este maestro rural se hizo conocido de forma masiva a través de su faceta de escritor. “Shunko” (novela clásica de la literatura argentina que se publicó en 1949, prologada por el Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias y que, con los años, fue traducida a varios idiomas, llevada al cine y hasta adaptada a la radio), “Animales, leyendas y coplas”, “Norte pencoso”, “Terciopelo, la cazadora negra” y “Shalacos”, son algunos de los títulos que integran la producción literaria de este autor.
La obra de Ábalos sigue su camino, independiente, imprevisible, enorme. En 2013 la Fundación Cultural Santiago del Estero editó una colección con sus textos completos, para ser donadas a escuelas y bibliotecas populares de todo el país. Y, en este 2015, el Canal Encuentro ha incluido, en su ciclo Santiagueños, un capítulo completo que revisa en detalle vida y legado del “maestro bichero”.

Shunko en el cine

En la antológica y desaparecida revista Humor, una de sus periodistas emblemáticas, Mona Moncalvillo, le realizó una entrevista a Lautaro Murúa, director y protagonista de la versión cinematográfica del libro más popular de Jorge W. Ábalos. En ella, el realizador contaba: “Tuve la suerte, en mis dos primeras películas, de contar con Augusto Roa Bastos. Él me acercó una especie de cuadernillo, eran las memorias de Jorge Washington Ábalos. Ese cuadernillo, escrito a máquina y cosido a mano por Ábalos, que me acercó Roa, me pareció una historia auténtica, sencilla, muy profunda, y sin tener un centavo me dispuse a hacer la película. Y con dos centavos me fui con Roa a Santiago del Estero para conocer a Ábalos, que resultó ser un tipo maravilloso, y con la secreta intención de encontrar un santiagueño rico que nos ayudara a producir la película… No nos ayudó ninguno. Un ex gobernador peronista, de apellido Miguel, conocía a Ábalos y –por respeto a él, aunque dudo que lo hubiera leído- nos ofreció todo lo que quisiéramos: camiones, agua para hacer los adobes de los decorados, jeeps… Contando con ese apoyo, me decidí a hacerla. Pero cuando llegué con toda la gente, el gobernador había desaparecido, no tenía tiempo, en fin… Igual, a los dos días comencé a rodarla cambiando todo. No fue muy accidentada, pero sí mezquinamente financiada. Gasté cinco veces menos de lo que se gastaba para hacer una película de clase “B”… Además, como sólo pude alquilar una cámara viejísima, de un estudio de Mendoza, se me veló un tercio de la filmación. Lo que significa que el montaje fue un desastre… Casi nadie cobró, yo por supuesto ni cinco, a algunos les hicimos regalos… Pese a todo, lo que valía era el espíritu, el amor, la ternura de los chiquitos que trabajaban en ese semi documental, y eso valió la pena”.
A pesar de este relato lleno de vicisitudes, a la película Shunko le esperaba un destino significativo.

Murúa no había sido el primer interesado en llevar al cine la historia de ese maestro rural y sus alumnos en el monte santiagueño. En 1957, el director de cine de la Universidad de La Plata, Moneo Sanz, se reunió en Tucumán con don Jorge y establecieron acuerdos satisfactorios, pero la idea no alcanzó a concretarse.  Tiempo después, la familia Ábalos recibe un llamado del director Armando Bó para encontrarse con el autor en un bar de la estación de La Banda. Allí apareció el director con su actriz “fetiche”, Isabel Sarli, a quien pensaba asignarle un rol protagónico. Para respiro de la literatura argentina, este segundo acercamiento del mundo del cine a su obra tampoco llegaría a buen puerto. Finalmente, un año más tarde, sería Lautaro Murúa quien, junto a Leo Kanaf, su productor, rodaría Shunko. La novela de Ábalos fue adaptada por el prestigioso escritor paraguayo Roa Bastos (ya vinculado al cine con sus trabajos “El trueno entre las hojas”, “Sabaleros” y “La sangre y la semilla”) y musicalizada por Waldo de los Ríos. La película marcó el debut en la dirección de Murúa, quien además encabezó el elenco junto con el niño Ángel Greco (en el papel de Shunko), Graciela Rueda, Gabriela Schoo, Raúl del Valle y Orlando Sacha. La mayoría de los participantes frente a cámara eran actores no profesionales, es decir, surgidos del propio entorno de la filmación. En una nota brindada a Télam en 1994, el productor Leo Kanaf recuerda:”Nadie quería distribuir la película porque no tenía un tema taquillero ni había un elenco de estrellas. Sin embargo, el administrador del cine Metro aceptó verla en un momento en el que estaba ocupado nada menos que por la promoción de Ben Hur. Cuando terminó la proyección, el tipo estaba llorando. Fue así que me ofreció exhibirla a pesar que no era una película tradicional para esa sala”.
Después de ser estrenada en Buenos Aires, sin mayor repercusión comercial, Shunko fue presentada en el III Festival Cinematográfico Internacional de Mar del Plata, donde ganó el Premio a la Mejor Película Hablada en Castellano y recibió la Mención Especial de la Crítica. Encabezaba el Jurado del Festival el célebre libretista de “Ladrones de bicicletas”, Césare Zavattini, quien manifestó “No esperaba un film tan interesante”. Otras voces que se oyeron en Mar del Plata fueron las de Karel Reisz, director británico: “Todo es muy honesto y tan limpia… es muy importante”; el destacado director español Juan A. Bardem, por su parte, dijo “Tiene limpieza. Me parece que hacía tiempo que el cine argentino no producía obras semejantes”; mientras que el realizador mejicano Alejandro Galindo comentó “A mí me convenció y, además, el paisaje me hizo acordar de mi tierra. Tenemos los mismos problemas”; y hasta el inefable Cantinflas, una de las figuras internacionales invitadas, se expresó fervoroso “¡Me gustó mucho!”.
Diversas entidades que congregaban a los especialistas en el séptimo arte, también manifestaron su apoyo. La Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos la eligió como la “Mejor Película de 1960”; el Círculo de Periodistas Cinematográficos de la Argentina le adjudicó el “Puma de Oro”, como Mejor Película, como Mejor Productor a Leo Kanaf, Augusto Roa Bastos como Mejor Adaptación y, compartido con Daniel Tinayre por “La Patota”, el premio como Mejor Director para Lautaro Murúa. Y más adelante, la encuesta que realizaba todos los años el club Gente de Cine para marcar los valores cinematográficos de la temporada anterior, otorgó el primer lugar a Shunko, como la mejor película y de mayor inquietud.
No obstante todas estas distinciones, a las que se sumaría la representación de nuestro país por parte de Shunko en los más importantes Festivales del mundo, como Berlín, Rusia o Santa Margheritta (Italia); Lautaro Murúa quedó envuelto en una dura polémica con los máximos representantes burocráticos del cine nacional. Es que al recibir su premio en Mar del Plata manifestó:”La Argentina es el único país de Sudamérica en producir películas, pero también es el único país del mundo en producir películas sin materiales, con unos defectos terribles desde el punto de vista técnico, y me siento con la autoridad y actitud para acusar a las personas que son responsables de que no tengamos elementos para defendernos, para hacer un buen cine”. Tales palabras provocaron tremendo revuelo mediático que trajo consecuencias inmediatas.  En abril de 1961 el Instituto de Cinematografía  (ente oficial) se reunió para repartir 50 millones de pesos en concepto de primas a la calidad, destinados a la producción de 1960. A pesar de ser la gran favorita de los críticos y cronistas, Shunko no figuró siquiera entre las 15 películas que recibirían tal “premio/subsidio”. En la revista Leoplán, un artículo escrito por Tomás Eloy Martinez, titulado Historia de una calamidad, ilumina sobre estos cuestionados “olvidos”: “Se sabe que el grueso de los 20 jurados omitió fundamentar sus votos, acaso porque no había manera de hacerlo… La omisión de Shunko fue sintomática. Ya de entrada el crítico Domingo Di Núbila la postuló para el primer premio, no encontrando adherentes. Luego se le sumarían el escritor Abelardo Arias y el realizador de cortos Juan Berend. Pero no fueron suficientes para cambiar la mirada oficial… El Instituto de Cinematografía ya tenía desde antes opiniones tomadas al respecto. Su delegado interventor (y, de hecho, su presidente) el escribano Félix Taurel había señalado a la prensa que tenía órdenes expresas del Poder Ejecutivo para fomentar un cine radical (?), que postule un cine a la manera mexicana, para recuperar los mercados perdidos de Latinoamérica; que fomente el empleo de temas alegres en los que no se insista sobre la miseria o los negociados del país… Habrá que preguntarse si en Argentina quedan ánimos y oportunidades para llevar adelante un cine en serio. Los premios a la producción de 1960 señalan que no”, concluye Martínez. Las asociaciones de periodistas especializados manifestaron públicamente su repudio por todo lo sucedido, pero ya estaba dictado el veredicto y el Instituto de Cine no dio marcha atrás en sus premiaciones.

Más allá de estas cuestiones políticas, Shunko siguió su camino de gloria. Y en 1995 fue elegida por la UNESCO para participar en las celebraciones del centenario del cine, que se llevaron a cabo en París. El Instituto Nacional de Cinematografía había elegido “La historia oficial”, pero la oficina cultural de la UNESCO les respondió que “con todo respeto, elegimos a Shunko”. Así es como esta aventura cinematográfica entrañable, que nació en la inspiración de don Jorge Washington Ábalos (quien falleció en Córdoba el 28 de septiembre de 1979), está considerada, actualmente, Patrimonio Cultural de la Humanidad.




5.3.16

Cierra Convocatoria del FICIC

Consolidando un espacio de exhibición para los trabajos realizados por los estudiantes de diferentes carreras de cine y tv es que nuevamente se llevará adelante el concurso de cortometrajes “Cortos de Escuela”. Estudiantes de niveles secundario, terciario, universitario de Escuelas y Universidades de Cine y TV, de todo el territorio nacional podrán enviar sus producciones, realizadas en el marco de actividades académicas. Cierre de inscripción de Cortos de Escuela: 11/03/2016

El festival tendrá lugar en la ciudad de Cosquín durante Mayo de 2016.

La programación de la sexta edición se anunciará oportunamente en el mes de Abril 2016.

Toda la información del Festival (bases, condiciones y formulario) se encuentra disponible en: www.ficic.com.ar

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