11.2.15

Convocatoria para Ojo al Piojo, 5° Festival Internacional de Cine Infantil



El festival Ojo al Piojo invita a realizadores, directores, docentes, niños y jóvenes a participar con sus obras en Ojo al Piojo, 5° Festival Internacional de Cine Infantil, que se realizará en el mes de julio de 2015 en Rosario, Santa Fe, Argentina.

Ojo al Piojo es un festival pensado para el público infantil que promueve la difusión de obras audiovisuales hechas por niños y adultos. El festival se propone como lugar de encuentro único para disfrutar del cine. Una oportunidad exclusiva para convertir a la ciudad en pantalla del mundo.

Año a año, se renueva la invitación a esta propuesta que desafía a que los grandes viajen a su infancia y que los niños y las niñas jueguen en el mundo de los adultos.
En la cuarta edición compitieron más de setenta cortos y más de 2000 niños disfrutaron de las proyecciones en competencia y de películas invitadas. 

En la convocatoria 2015 podrán participar obras que no excedan los 15 minutos de duración, los realizadores deberán enviar sus trabajos de forma online a través de las plataformas Festhome o Movibeta. La fecha para la recepción de cortos se extenderá desde el 1° de febrero hasta el 15 de mayo de 2015. 

Se otorgará un premio al Mejor Corto Realizado para Niños y otro al Mejor Corto Realizado por Niños o Jóvenes -que consisten en la suma de $8.000 cada uno- y otro premio al Corto más Votado por el Público. 

Ojo al Piojo convoca, una vez más, a producir cortometrajes que sean innovadores, comprometidos con los derechos de la infancia, creativos y divertidos. Este festival respeta la diversidad e intenta ser un reflejo de la voz y mirada de los niños y las niñas. 

Bases y Más Información

5.2.15

El Grillo: vidas de humanos, gatos y espíritus


La película “El Grillo” se sumó a las producciones audiovisuales cordobesas estrenadas en 2014, con una historia intimista muy bien contada y sólidas actuaciones. Es el primer ficcional de Matías Herrera Córdoba, quien había dirigido el documental “Criada”.



Hay películas que nos transmiten el clima en que uno imagina que han sido realizadas. Tal vez sea más correcto decir que el carácter de una película reclama un cierto clima de realización, el cual se imprime en su resultado final. Hablamos del tipo de cine independiente de bajos recursos, que es parte de nuestro paisaje local, y que deliberadamente aborda temáticas intimistas, rodables en un ambiente exterior o interior poco poblado, con un pequeño grupo de personajes. A la escala sincera de nuestra realidad, tanto para espectadores como para productores audiovisuales.

No hace falta detenernos sobre cómo, siempre, de las limitaciones deben surgir las obras reales, con dramáticas hechas a escala de las posibilidades concretas. El Grillo, de Matías Herrera Córdoba, se encolumna claramente en este tipo de producción. La historia ocurre en una casa cuyo exterior apenas cuenta. La locación, a su vez, le cede protagonismo a sus habitantes. La dueña de la casa es una arquitecta viuda, Graciela (María Pessacq), cuyo marido ha sido titiritero y actor, a quien hoy extraña, mientras canaliza sus afectos en sus gatos y sostiene encuentros amorosos con el jardinero Gabriel (Martín Rena), que pasa tiempo en la casa. La tercera habitante es Holanda (Galia Kohan), una actriz de teatro que ensaya el parlamento de una obra, un texto de Jacques Prevert que reaparece en el relato.

La convivencia de los tres personajes desarrolla una dramática no más intensa que la de tres personas individuales, cada una con su vida y expectativas personales, que en principio transcurren una cohabitación pasajera. Los lazos entre ellos no los ligan ni por sangre ni por vínculo, aunque entre la arquitecta y el jardinero se explaya más –como es natural- el intercambio de las vivencias personales.

El motivo por el cual los espectadores seguimos la narración tiene que ver más con “comprar” a los personajes y sus textos, que con la acumulación de tensiones. Hay microtensiones, pero no siembran la necesidad de un estallido.

Esto al punto que dicho estallido, cuando ocurre, aunque le dé un clímax al relato, parece un golpe de cine respecto de lo hasta allí construido. Aspecto de la estructura dramática que, sin embargo, en nada empaña el carácter de la película, cuyas premisas fluyen hasta el final.

El Grillo no nos pide adivinar los gestos de los personajes: tiene diálogos. Los textos son los comunicativos cotidianos, o lo que se cuentan íntimamente los personajes; pero hay también parlamentos enunciados con un grado de teatralidad, y otros enmarcados en un monólogo que cada uno de ellos recita por turno, acaso basado en dramaturgias de actor.

Los parlamentos se alternan con un tempo lleno de sonidos de pájaros, detenido en alguno de los personajes ensimismados, que a su vez transcurren su vida unos días de un verano, sin apremios, disfrutando de la estación. La fotografía, al tomarse tiempo para imágenes poéticas sin incidencia narrativa, aporta elementos al clima y al carácter. La cámara captura bien el universo que se propone mostrar, y aprovecha bien la naturalidad de los actores y de las escenas, para su recreación.

Las actuaciones están muy bien. Allí también asoma esa conjunción de clima de rodaje y carácter de la historia. De las actrices y del actor brotan los textos dichos desde una situación reposada, ajena a las estridencias. El personaje de María Pessacq es el que demanda mayor intensidad de tono, que la actriz domina y pone en juego, y del que emana autoridad. El de Galia Kohan le permite a la actriz jugar a sí misma, con citas incluso de su propia carrera actoral, y mostrar con qué solvencia puede sostener la atracción en la pantalla, con pizcas de grotesco. Cuenta además con un bonus track teatral especial en la película. El personaje de Martín Rena muestra una masculinidad mansa, no agresiva, que el actor construye y sostiene correctamente.

La película contiene algunos homenajes entrañables al teatro, particularmente a la figura de Héctor Grillo, cuya fotografía se ve en el mismo cuarto donde la cámara se detiene en los rostros de los muñecos por él modelados para su trabajo como titiritero. Su figura es evocada como la del marido ausente de la dueña de casa. La presencia del insecto grillo, cuyo violín escuchamos al fondo, es un homenaje más impalpable, pero presente, de cuyo ingreso a la casa discuten los personajes femeninos.

El homenaje al teatro está dado también en el personaje que interpreta Galia Kohan y por menciones que hace al Teatro La Cochera, a la obra Choque de Cráneos, así como un breve saludo a Paco Giménez en el texto final. Un buen momento musical de la película rescata un recital en el patio de la casa, dedicado al marido muerto de la arquitecta, y sobre los títulos de cierre escuchamos a Jenny Nager en la canción original para El Grillo.

Por Gabriel Ábalos

EL GRILLO
Argentina, 2013.
Largometraje ficción
Duración: 82 min.
Ficha técnica:
Guión y dirección: Matías Herrera Córdoba
Casa Productora: Cine El Calefón
Elenco: María Pessacq, Galia Kohan, Martín Rena
Productora Ejecutiva: Juan C. Maristany
Producción general: Ana Apontes / Juan C. Maristany
Dirección de fotografía: Ezequiel Salinas
Montaje: Lucía Torres
Dirección de Arte: Julia Pesce
Asistente de dirección: Manlio Zoppi
Asistentes de producción: Vanesa Wilder / Fiorela Campo
Cámara: José María Benassi
Gaffer: Rodrigo Fierro
Asistente de arte: Carolino Bravo
Vestuario: Jimena González Gomesa
Música: Jenny Nager / Ángela Tullida









3.2.15

El alma inquieta de un hombre pájaro



Birdman” es el quinto largometraje de Alejandro González Iñarritu y el segundo tras dividirse de su co-escritor Guillermo Arriaga. Los créditos en el guión destacan a Nicolás Giacobone y a Armando Bo (nietos del director favorito de la Coca Sarli). La película se apresta a entrar como un gladiador a la próxima noche de los Oscars.









Birdman trata sobre un actor maduro que, habiendo ascendido en el rol de un superhéroe fílmico, ahora intenta preservar la dignidad profesional como su tesoro, tras haber pisado el suelo de la gran Babel del cine y rechazado el trato fáustico que le fuera dispensado. Decide dirigir en Broadway una adaptación de un relato de Raymond Carver, y esa es la energía que consume la mayor parte de la acción de los personajes de la película, en la que actúan Michael Keaton, Edward Norton, Naomi Watts, Emma Stone y otros.

Van unos apuntes a mano alzada sobre algunos ingredientes cuyo sabor persiste y que son de diversos órdenes, pero igual los enumeramos:

a)      Una cámara absolutamente dinámica, incluso ansiosa, que por momentos parece seguir y por momentos empujar la acción de los personajes, nos lleva puestos desde el principio. Tómese esa cámara en mano como referencial de todo lo que tenga que ver con la narración de Birdman.

b)      Una banda sonora en la que rige el pulso una sesión de batería que aparece y reaparece, y a cuyo ejecutante (Antonio Sánchez ) vemos en la película en un par de secuencias: un baterista que puede ser callejero o de teatro, al que uno de los personajes arroja al pasar una moneda. La percusión marca los tempos, las puntuaciones, los climas del relato. A veces entran detalles instrumentales, acordes, fragmentos melódicos.

c)       La segunda naturaleza del film es el teatro, en constante comunicación con el cine, dos mundos que rigen a los actores cuando ponen en juego sus identidades. Las veladas de preestreno de una obra basada en el cuento ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?  de Raymond Carver, que dirige el protagonista de la película, Riggan Thompson (Michael Keaton).

d)      Hay que ver como una de las claves narrativas esa serie de funciones previas al estreno, que en el sistema americano permite al público, a mitad de precio, asistir a una producción in progress. La potencia narrativa de esos fragmentos de ensayos con espectadores radica en la repetición, sumada a la libertad para ir introduciendo modificaciones incluso radicales a la puesta y a los diálogos, para acudir a la improvisación, y también para darle entrada al absurdo real, o a un grado de verdad inesperada.

e)      Un subtema de la trama, especie de parásito refulgente: el personaje de la crítica, Thabita Dickinson, que acecha en el bar siempre nocturno junto al teatro, con sus apuntes perpetuos, preparándose a destrozar la mediocridad del mundo escénico que pisotea las tablas de un teatro donde brillaron grandes actores y actrices americanas del drama y la comedia. Nota inolvidable al pie.

f)       El núcleo teatral de la historia tiene también el encanto de los textos. Los textos de Carver resuenan por momento en el “exterior” de la acción de esas personas  de ficción que juegan unos personajes en la escena. Ese tránsito se da en ambos sentidos: la acción teatral como proyección de las pasiones de actores y actrices.

g)      Motivan también a los personajes las taras asociadas a aquel circuito teatral con pretensiones, los problemas del cartel, el ansia de éxito y el pavor del fracaso, la competencia feroz en escena, o la búsqueda de sobresalir.

h)      En las zonas “exteriores” del argumento, respecto a la situación teatral, Birdman despliega una fauna de personajes cuyas acciones y diálogos determinan temas existenciales, la búsqueda desesperada de la autoafirmación, la necesidad de ser aceptados y queridos/as, la dependencia del alcohol y de las drogas en la constitución de ese transcurrir de criaturas tan seguras de sí como frágiles, con las que podemos empatizar.

i)        Justo en el lugar de transición del juego escénico a la “vida real”, hay un desdoblamiento que toma forma psicoanalítica: el superhéroe que convirtió a nuestro actor principal en una celebridad de la pantalla (una celebridad con una máscara de pájaro delante, ocultando al actor) regresa como una voz de la conciencia, a tratar de convencerlo de que su vida de éxito aún espera allí, por él, para sacarlo del pozo de dignidad insensata en que ha caído, arrastrándose en lugar de volar como los hombres pájaros, hacia la vida luminosa. El actor canturrea, queriendo acallar aquella voz recurrente.

j)        Un creciente clima ominoso, por los enfrentamientos violentos, la sinceridad desgarradora, los signos de desastre que sobrevuelan los empeños de todo el mundo, marca a fuego la consecución de la historia. Se alimenta la amenaza de un final trágico, el ala negra del desborde de esas personalidades puestas  en cierto modo al límite (al menos al límite de la película, en tanto experimento narrativo), atrapados entre lo real y todo lo demás que constituye su réplica.

k)      Hay una proeza en esta producción que regresa a un gran director a su lugar. Tras la ruptura con el guionista Guillermo Arriaga, y tras una película impresionante, pero no tanto memorable, como Biutiful, Iñárritu se alía con dos argentinos –lo que por supuesto halaga el orgullo nacional- para dar vida a esta obra personal, que se impone por la prepotencia con que está narrada, por sus actuaciones notables, por su mirada crítica sobre los mundos encontrados de la industria y del drama, por su capacidad de disfrute que el espectador capta de inmediato, por sus vericuetos narrativos, por sus personajes extremos, por la belleza de sus imágenes, merece un lugar en el corazoncito cinéfilo.

Por Gabriel Ábalos